MANAOS Y SELVA AMAZÓNICA.

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Escribe: Majo Ballestrino.

Día 1: La ciudad de Manaos en horas de la tarde, con un clima super húmedo y caluroso, con lluvia torrencial, 36ºC y a la media hora cielo completamente despejado y soleado, ¡Bienvenida a la selva tropical!

Hospedaje: Me hospedé en el Hotel Do Largo reservado en booking.com, ubicado en la zona céntrica de la ciudad, donde se hallan gran  cantidad de las atracciones turísticas.

¿Cuántos días? Tres días disponibles para recorrer Manaos alcanzan para tener una impresión de cómo es una de las ciudades más grandes de Brasil también conocida en su momento como “París de los trópicos”, ya que, gracias al apogeo del ciclo del caucho entre los años 1890 y 1920, fue de las primeras ciudades brasileñas en tener luz eléctrica, tranvías y saneamiento, donde se construyeron varios edificios lujosos que contaré más adelante. A los tres días indicados más arriba, debe sumarse alguno más para el conocimiento de la circuito de selva.

¿Qué hacer? Lo primero que hice fue ir hasta la Plaza San Sebastian allí esta la “movida” de la ciudad, hay varios bares y restaurantes en donde es posible probar las comidas típicas de la región y conocer nuevos sabores. Frente a la plaza se encuentra el Teatro Amazonas, el edificio más emblemático de Manaos, construido en el año 1896.

Probé un plato típico del norte de Brasil, el “Tacacá”, una sopa de origen indígena; Tucupi (caldo ácido extraído de la mandioca), hojas de Jambú, goma de mandioca, pimienta de cheiro y camarones. Se sirve en potes [vasijas] y se toma directamente de allí, para comer los camarones o el jambú se usa un palillo fino de madera. En lo personal no fue de mi agrado, su sabor es fuerte y muy salado, pero siempre es bueno probar culinaria local. La “Tacacaria da Gisela” es un clásico en Manaos, tiene su local en la plaza San Sebastian y cuesta R$ 20.

Feria E. Ribeiro.

Día 2: La primera actividad fue recorrer la feria de artesanías en la calle Eduardo Ribeiro, a pocas cuadras del Teatro Amazonas, dicha feria funciona los domingos de mañana desde las 8 a las 14 horas, hay stands con artesanías, ropa, plantas, jabones con esencias naturales de frutas de la región y plaza de comidas, donde temprano en la mañana brindan menú para desayunar y al medio día para almorzar. Los precios son muy buenos, incluso mejores que el mercado de artesanías Adolpho Lisboa.

Catedral.

Seguí mi recorrido por la Catedral Nossa Senhora da Conceição frente al Parque Da Matriz, allí también está el Reloj Municipal, luego llegué a la Plaza Heliodoro Balbi donde está el Palacete Provincial; este edificio fue sede del gobierno de la Provincia de Amazonas, así como también cuartel de la Policía Militar; hoy alberga varios museos en su interior, como el Museo de Arqueología, Museo de la Moneda, Pinacoteca del Amazonas, Museo de La Imagen y el Sonido, Museo Tiradentes que cuenta la historia de la policía militar del Estado. La entrada es gratuita y funciona de martes a domingos de 9 a 17 hs.

Palacio Río Negro.

A pocas cuadras de allí esta el Palacio Rio Negro, lo que ahora es un centro cultural fue la casa de uno de los “barones del caucho”, del empresario alemán Waldemar Scholz, quien se dedicaba a la comercialización de este producto extraído de los arboles Seringueira originario del amazonas. Luego fue sede del Poder Ejecutivo y residencia del gobernador.

El edificio tiene muebles de diferentes estilos, pinturas y loza de época, una sala dedicada a los gobernadores, otra a los símbolos del estado de Amazonas; bandera, escudo e himno entre otros. También se puede recorrer el jardín de la casa. Tiene estrada gratuita y está abierto de martes a domingos de 9 a 17 horas.

Día 3: Finalmente a la selva!, contraté el tour de 3 días y 2 noches en la agencia “Iguana turismo” (la que recomiendo ya que tienen años de experiencia en el ramo). Salimos del centro de Manaos en auto hacia el Puerto de Ceasa, allí tomamos una lancha pasando por el encuentro de las aguas entre los ríos Negro y Solimões, luego un viaje en camioneta por 40 minutos aproximadamente hasta llegar a un nuevo barco para navegar 45 minutos por el rio Mamorí hasta llegar a la Posada Juma Lake Inn, donde me alojaría en esos días.

La posada es sencilla y acogedora, se compone de una habitación espaciosa, la cual, puede ser compartida o también, esta la opción de habitaciones individuales (hasta 4 personas) con baño privado. La cocina y el comedor son flotantes sobre el río Mamorí, allí también hay un deck con reposeras para disfrutar del paisaje o nadar en el río.

Los guías para los paseos son locales, caboclos ribeirinhos, o sea mestizos entre indios y blancos, que nacieron y vivieron siempre a orillas de los ríos de la región, conocedores de la zona, encargados de transmitir la información y los conocimientos que tienen sobre la fauna y flora amazónica. Se forman grupos de 8 turistas máximos por guía.

Luego de dejar el equipaje en la habitación y almorzar (las comidas están incluidas en el precio del paquete) pescamos pirañas sobre el deck de la posada, las cuales viven en las orillas de los ríos. Más tarde, salimos con nuestro guía a recorrer en botes los igapós; selva inundada por los ríos ya que en marzo el nivel de las aguas es alto. El verano amazónico dura desde junio a noviembre, época seca, y el invierno desde diciembre a mayo cuando es la temporada de lluvias.

El atardecer lo vimos desde el bote en el lago Juma una experiencia inolvidable, todo se refleja en el agua, vegetación, nubes, sol, el paisaje y silencio del lugar es hermoso, logramos ver monos, aves, insectos y los famosos botos (delfines de agua dulce que hay de color rosado o grises).

La última actividad del día fue la “focagem de jacare” es cuando el guía sube al barco una cría de cocodrilo el cual captura en la orilla de los ríos para darnos una pequeña charla sobre el animal, lo podemos ver más de cerca, sacar fotos, tocarlo y luego soltarlo nuevamente en la naturaleza. Todo se hace bastante rápido no mas de 10 minutos para que el animal no pierda tiempo de alimentarse.

Día 4: El día empieza temprano, a las 5:30 nos vamos en barco a ver el amanecer desde el agua, vemos salir el sol y el despertar de la selva, las aves comienzan sus vuelos y los botos nos rodean. Volvemos a desayunar a la posada y enseguida salimos a una caminata de 3 hs con nuestro guía, donde conocemos plantas medicinales, arboles que están en extinción y formas de sobrevivir en la selva, por ejemplo, comiendo la larva del babaçu, palmera que dentro de sus cocos cría un gusano planco muy nutritivo [los que lo probaron dicen que tiene gusto a leche de coco, yo no me anime...]

¡En la tarde lo más esperado por mí y por la mayoría, acampar en plena selva! Navegamos una hora aproximadamente hasta llegar al local donde acampamos, sin ninguna estructura, ni baños, ni habitaciones, solamente un techo hecho con hojas de palmeras donde colgamos las hamacas paraguayas cada una con su respectivo mosquitero, una mesa hecha con cañas y un lugar donde se hace el fuego para cocinar. Mientras nosotros alimentábamos con pollo a un cocodrilo que vive allí en la zona (este si era grande) el guía cocinó arroz, pescado y pollo para que cenáramos, la “loza” usada en la noche y en el desayuno la fabrico él mismo con vegetación del lugar, las cucharas las talló de una caña de bambú, los platos fueron hojas de plantas y la taza de café; tronco de palmera de açaí que calentó en el fuego para luego moldearla.

Noche en la selva. La noche llegó pronto y con ella la oscuridad, los sonidos fueron más intensos y cercanos, [es increíble lo ruidosa que es la selva en la noche] mucho más que durante el día. Luego de cenar ya nos metimos en las hamacas y si bien el guía y mis compañeros de aventuras dormían tranquilamente, debo confesar que sentí mucho miedo y prácticamente no dormí. Aún así, es una actividad que recomiendo hacerla porque la experiencia es fabulosa, pero creo que con una noche es suficiente. Los monos tiraban cocos desde lo alto de las palmeras, se sentían hojas secas y ramas caer, animales entrando al agua o bebiendo de ella, a lo lejos se sonidos de un grupo de monos “bugios” que marcando su territorio gritan todos al mismo tiempo. El fuego queda toda la noche encendido para que los animales grandes no se acerquen, como las onças (jaguar) que viven por allí, el guía también está alerta para cuidarnos.

Pasar la noche en la selva es una experiencia que recomiendo vivir.

En la mañana después de desayunar, de camino a la posada pasamos por la casa de una familia de ribeirinhos, nos mostraron su casa, nos cuentan cómo viven, qué plantan y de qué se alimentan. Linda experiencia para conocer más a la población local. Las casas son precarias, todas en madera y sobre palafitos para la época en que el río crece. En el río también lavan la ropa y se bañan, plantan mandioca (base de su alimentación) y pescan para consumo propio o para vender. Algunas familias hacen artesanías que venden en ferias regionales o reciben turistas en su casa (incluso para dormir) lo que les deja alguna ganancia económica.

Luego de almorzar en la posada volví a la ciudad de Manaos, me fuí con ganas de más selva, de más días de tranquilidad, de más atardeceres y amaneceres desde el lago Juma, de más convivencia con gente de diferentes países y culturas. La posada al ser pequeña ofrece la posibilidad de mantener contacto con los demás huéspedes compartiendo tiempo libre y actividades.

Teatro Amazonas.

Al llegar a Manaos aproveché que quedaban algunas horas de la tarde y fui hasta el Teatro Amazonas a hacer el tour guiado para conocerlo por dentro. Un teatro maravilloso, con capacidad para 700 personas, que se empezó a construir con el imperio y se terminó con la República de Brasil, sus arañas, pisos de madera, techos y su cúpula son hermosos. Todos los días a las 20 hs hay funciones gratuitas para el público. La visita guiada es en inglés o en portugués y tiene un costo de R$ 20.

Encuentro de las aguas.

Día 5: Día de un nuevo paseo con Iguana Turismo, esta vez el Daytour, salimos a las 8:30 de la mañana hacia el puerto de Manaos, una vez allí, entre cruceros amazónicos, barcos de carga y un gran bullicio, subimos a nuestro barco y la primera parada que realizamos es en “el encuentro de las aguas” otro de los principales puntos turísticos. El guía que nos acompaña nos explica que este fenómeno se da entre los ríos Solimões y Río Negro que al tener diferentes temperaturas y densidades no se mezclan por aproximadamente 12 km y es fácil de diferenciarlos ya que el río Negro tiene aguas de color un poco más oscuras y el Solimões agua más barrosa.

De allí seguimos hacia la reserva Janauari, es un parque ecológico donde primero hacemos una parada para conocer y alimentar a los peces Pirarucú, son los peces de agua dulce más grandes del mundo oriundos del amazonas, llegan a medir 3 metros de largo, su carne es abundante y muy rica, fue la base de mi alimentación en toda la semana.

El Pirarucú solamente puede ser pescado y comercializado por las familias ribeirinhas para cuidar la existencia de la especie.

Las escamas son tan fuertes que se utilizan para fabricar limas de uñas, herramientas o artesanías y su lengua se utiliza como rayador.

La siguiente parada es para apreciar las victorias regias, planta acuática famosa en la región, tiene hojas redondas de 2 metros de diámetro y cada hoja puede aguantar unos 20 kg aproximadamente sobre ella, la planta también tiene flores y frutos que flotan en el agua. Varios monos también andaban por allí saltando de árbol en árbol pendientes de que algún turista les diera algo para comer; cosa que está prohibido. Hicimos una parada para almorzar en un restaurante flotante, almuerzo buffet incluido en el precio del paseo, no así la bebida que se consumiera.

Luego de una hora de navegación por el Río Negro llegamos a la plataforma flotante de interacción con los "botos" (delfines de agua dulce), ellos nadan libres en la naturaleza y se acercan cuando un encargado de Ibama (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables) los alimenta con pescado. Las personas aguardamos en la plataforma con chalecos salvavidas a que los "botos" nos rodearan sin nosotros poder tocarlos, solamente mirando y tomando fotos. Los "botos" son amigables, pero al estar libres en su hábitat natural es mejor que la interacción sea así.

La última parada del tour es en la aldea indígena Dessana, tribu que vive a orillas del Río Negro, si bien tienen interacción con la ciudad y sus habitantes, ellos aún se alimentan de lo que pescan y cazan en la selva. Nos muestran sus bailes y músicas con instrumentos típicos, venden artesanías, pintan el cuerpo de los turistas con diseños creados por ellos, utilizando maquillaje natural extraído de la fruta orucum y podemos probar parte de su culinaria; como ser hormigas, rayas, peces, tapioca o farofa. La experiencia es linda para conocer un poco más de su cultura, aunque no deja de ser algo bastante turístico.

Mercado Adolpho Lisboa.

Día 6: Ultimo día del viaje y hay que aprovecharlo al máximo, la mañana la dedico a recorrer el mercado Adolpho Lisboa, en la zona portuaria, mercado fundado en el año 1880, en su interior alberga varios stands de artesanías locales como cestos trenzados, alhajas con semillas, tallados en madera, caravanas o tiaras indígenas con plumas, etc. Algunos venden “cachaza” de frutas regionales y golosinas. Hay un sector de venta de carne, pescado, frutas y verduras, así como también plaza de comidas. Ideal para probar culinaria local.

En la tarde me voy a ver la selva desde lo alto. Enfrente a la catedral Nossa Senhora da Conceição me tomo el ómnibus de línea local N.º 448 para llegar al MUSA, Museu da Amazonia, está ubicado en la Reserva Adolpho Ducke la que alberga también al Jardín Botánico de la ciudad ubicado a 17 km del centro de Manaos. En bus demoré una hora de viaje para llegar, el boleto cuesta R$ 3,75, también se puede ir mas rápido en taxi o uber pero el costo es bastante más elevado (uber R$ 20 aprox.). Hay dos precios de entrada, con charla guiada R$ 50 y sin guía R$ 30, en su interior se camina por senderos entre la vegetación, haciendo paradas en el lago de las victorias regias, en el acuario de peces autóctonos del amazonas, en el serpentario, y un local donde están expuestos los materiales con los que los habitantes tanto indígenas como ribeirinhos viven, pescan y cazan.


Al final la vedette del lugar, el mirador, torre de hierro con 42 m. de altura y 242 escalones. Cuenta con tres niveles para apreciar mejor las diferentes alturas de vegetación existentes en la selva. Al llegar al ultimo nivel se puede ver a lo lejos la ciudad de Manaos y el área verde que la rodea, distintos tonos de este color que me ha acompañado toda la semana, se pueden diferenciar varias especies de arboles y sus alturas son increíbles. Hay actividades con agenda previa para ver el amanecer o el atardecer desde allí, el día que realicé la visita fue lluvioso, igualmente valió la pena.

Allí es donde me despido del amazonas brasileño, lugar al que hace años tenía pendiente la visita, sabía que me gustaría pero no creí que se transformaría en mi mejor viaje hasta el momento, es un destino al que quiero volver y seguir conociendo más y más. Solo estando allí entenderán la sensación que transmite tanta naturaleza y tranquilidad que te hace sentir tan chiquito en una inmensidad como es la selva. Se los recomiendo a todos!

Por: Majo Ballestrino.

Colaborador areté+


[0598] 92687350.

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